Es muchas veces catalogado como un tema tabú, y simplemente no se habla, ya que pensar sólo en el desarrollo de la sexualidad en los adultos mayores, resulta inconcebible para los más jóvenes, que no vislumbran cómo sus pasos van hacía esa misma etapa.

ID-10044360Con los conocimientos actuales no es fácil definir el envejecimiento en términos biológicos, no disponemos de alguna teoría comprobada que explique este proceso. No obstante para el médico resulta de interés conocer los cambios que se producen en el organismo a medida que este envejece, aunque estén influenciados por otros factores, además de la edad.

Pero ¿cómo influyen todos estos procesos en la sexualidad de los adultos mayores?

Según Diana Vahos, líder del equipo de investigación de TENA en tercera edad,  el tema de la influencia del envejecimiento sobre la actividad sexual es un asunto de nuestro siglo. El hombre se ha enfrentado de forma súbita a una prolongación de su vida con escasos conocimientos de su capacidad fisiológica y un patrón cultural donde se integran rígidos conceptos sobre sexo, trasmitidos de otras generaciones y que muchas veces resultan falsos.

Uno de esos conceptos equivocados es el que plantea que la actividad sexual debe desaparecer en la edad avanzada y, por tanto, desearla o tener fantasías sexuales, después de los 60 años, no es natural, fisiológico, moral o socialmente bien visto. Para muchas personas de ambos sexos resulta un factor de ansiedad llegar a la edad madura, lo que provoca el comienzo de trastornos en la función sexual”, explica el experto de TENA.

Funcionamiento del cuerpo ante el sexo 

Es así como la fisiología del ciclo de la respuesta sexual en esta etapa ha sido estudiada y se ha dividido en cuatro fases: Excitación, Fase de Meseta, Fase de Orgasmo y Fase de Resolución.

La mujer más allá de los 50

Los cambios hormonales que ocurren en la mujer de más de 50 años de edad, debido a la disminución de la función ovárica, no son causas necesariamente de cambios importantes de su actividad sexual.

En muchos aspectos, los cambios que tienen lugar en la mujer son muy similares al hombre. Acá algunos de importancia:

  • La excitación es más lenta: Una mujer joven quizás solo necesite de 15 a 20 segundos  de excitación para lubricar su vagina, mientras que en la mujer de edad más avanzada esto puede demorar hasta 5 minutos.
  • Lubricación: La lubricación es menos abundante que en la joven. La adulta mayor puede notar que no tiene lubricada la entrada de la vagina – introito- e interpretar erróneamente que no está lubricada en absoluto, cuando en realidad la lubricación no se exterioriza por una menor producción y posiblemente por la adopción de posiciones que dificulten su salida por gravedad.
  • La erección del pezón: En la fase de excitación es similar a la de las jóvenes, aunque es menos intenso el aumento de tamaño de las mamas por la dilatación de los vasos sanguíneos y su enrojecimiento.
  • La erección del clítoris: Durante el acto sexual no muestra diferencias apreciables con las mujeres de menos edad.

En conjunto, las erecciones son menos firmes que cuando eran más jóvenes.

  • Los testículos se elevan solo parcialmente en relación con el perineo y lo hacen con mayor lentitud que en los varones jóvenes.
  • Se reduce la cantidad de semen y disminuye la intensidad de la eyaculación.
  • Por lo general se observa una menor necesidad física de eyacular.
  • Se prolonga el período refractario, es decir, el espacio de tiempo posterior a la eyaculación en que el hombre es incapaz de lograr una nueva erección y emisión de semen.
  • Con la edad disminuyen la masa y la fortaleza muscular, por tal motivo suele existir una disminución de la tensión muscular durante la excitación sexual.

“Algunos hombres, a medida que envejecen, no tienen una idea exacta de cómo debería ser su vida sexual y pretenden tener erecciones firmes al instante y en todas las situaciones sexuales, y se preocupan cuando no pueden hacer el amor dos veces en una noche”, señala la investigadora de TENA

Sin la misma energía 

Los expertos advierten, que pese a que el cuerpo está preparado, igualmente existe un grupo de factores que se añaden a los cambios propios de la edad y se interponen en el desarrollo normal de la vida sexual en el hombre y la mujer mayor de 50 años.

“La falta de estímulos sexuales provocada por una vida sexual monótona, poco variada, puede llevar progresivamente a una pérdida de interés en la actividad sexual. Una menor intensidad de relaciones sociales; la pérdida de atractivos corporales de la pareja y la creencia de que es incorrecto tener fantasías sexuales en esta época, se unen para disminuir la búsqueda del acto sexual”, explica Diana Vahos

Cuando la persona pierde a su pareja, y cae en un período de inactividad sexual casi absoluto, puede suceder que, si en etapas posteriores, desea iniciar relaciones con otra pareja, se presentan mayores dificultades para lograrlo, sobre todo en el hombre, por disfunciones de la erección (síndrome de la viudez).

Algunos sexólogos recomiendan la práctica masturbatoria durante este período de soledad, si no existen impedimentos psicológicos o culturales. Esta recomendación, aunque parezca chocante para algunos, puede contribuir a mantener tanto en el hombre como en la mujer, los mecanismos fisiológicos sexuales en actividad relativa y no en inacción absoluta”, agrega la especialista.

Las enfermedades físicas y mentales, influyen de manera negativa en la actividad sexual de la pareja mayor. La diabetes mellitus es un ejemplo típico de enfermedad crónica que por mecanismos vasculares y neurogénicos puede producir pérdida de la erección y eyaculación retrograda, que es la eyaculación hacia la vejiga por la falta de cierre del esfínter vesical durante el orgasmo.

En conclusión, se puede afirmar que un hombre o una mujer sanos física y psíquicamente entre 50 y 70 años o, incluso, a edades más avanzadas, pueden mantener un determinado nivel de actividad sexual. Esta es una posibilidad más que comprobada si son personas libres de estereotipos, prejuicios y tabúes.

“La prevención o el tratamiento de los factores negativos anteriormente expuestos contribuyen a preservar esta función, pero sobre todo, resulta fundamental que exista una adecuada educación y comprensión de los cambios fisiológicos del sexo en la edad del adulto mayor y se reconozca que esto no es exclusivo de los jóvenes”.