Columna de la Psicóloga Pamela Labatut
Cuando estamos embarazadas solemos sentirnos muy felices por nuestro bebé creciendo en nuestro vientre, algunas nos esmeramos en comer saludable y sano, otras caminan y botan el estrés,. La mayoría de las mujeres se trata de rodear sólo de situaciones agradables para el bienestar del bebé y así suma y sigue, todo en pro de nuestro pequeño retoño.
Cuando llega el momento,¡Sí! El tan ansiado momento del parto muchas  muchas veces no es como lo soñamos, es distinto, es intenso, es chocante, rápido, eterno, pero siempre tremendamente emocionante y agotador en todo sentido. Apenas te pasan a tu bebé muchas cosas inundan tu cabeza, no perdón, cosas inundan tu corazón.
Ya está finalmente contigo, ahora puedes abrazarlo, besarlo y todo lo que imaginaste durante 9 meses ya es realidad, sin embargo no sólo nació tu hijo. ¡Tu naciste como mamá! Una nueva tú nació, a la misma hora que nació tu hijo,  una nueva mujer comienza a salir cual ave fenix de las cenizas del parto, el cual es un proceso tremendo.
Comienzas a pensar en 2, dejas muchas de lado, todo ahora es para tu bebé. Y claro, quizás tu pensarás: “Pero si yo ya pensaba así embarazada”, pero ahora es real, todo lo que imaginaste está ahí en tu regazo tomando de tu pechuga para sobrevivir. ¡Así de fuerte! ¡Ese ser humano depende de tí! ¿Qué harás tu para él? ¡Todo, lo harás todo! Por esto, nace una mujer nueva y una mamá. Una mujer nueva, responsable, transformada, aguerrida que maduró quizás a la fuerza, que esperaba ser madre hace años o que jamás se lo imaginó, todas volvemos a vivir, renacemos como mujeres cuando nuestros niños nacen y surgen de mi las luces y las sombras.
Aquellos procesos sin terminar, aquellas situaciones que quizás no están resueltas con nuestras propias madres y ahora reaparecen como miedos, angustias, recuerdos conscientes y/o inconscientes de experiencias vividas en el vientre y fuera de él, todo reaparece ahora, cuando nace la madre que habita en mi, cuando nace esa mujer guerrera, implacable, leona que cuida a su cachorro, chamana que sabe, que cura que es puro instinto y coraje. Nace una madre y aprendemos,pero no desde cero, sino desde siempre, desde la guata, las agallas que jamás tuvimos para decirle a la amiga lo que nos molestaba, o al jefe lo que realmente pensábamos acerca de la tarea que nos dejó para la reunión.
Nace una fuerza desgarradora para dar de mamar cada hora, 2, 3 o 4 horas durante varios meses o años incluso,  lo damos todo simplemente porque nació nuestro hijo, y porque nació en nosotras esa nueva mujer… ¡ESA MADRE QUE SIEMPRE FUI!

Por pediatric