Pescado, no pastillas, para prevenir riesgo de envejecimiento cerebral

Una dieta rica en vitaminas y pescado puede proteger al cerebro del encogimiento asociado a la enfermedad de Alzheimer, afirman científicos en Estados Unidos. Y la comida chatarra tiene el efecto opuesto, dice el estudio publicado en la revista Neurology.

Nutrientes en la sangre: “el estudio es importante porque se basó en los nutrientes en la sangre y no sólo en cuestionarios para analizar la dieta que consume un individuo. Los investigadores tomaron muestras de sangre de 104 personas con una edad promedio de 87 años con pocos riesgos conocidos de sufrir Alzheimer.Encontraron que los que tenían más vitaminas B, C, D y E en la sangre tuvieron mejores puntuaciones en pruebas de memoria y razonamiento”, afirmó el Prof. Gene Bowman de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregon.

Estos resultados deben ser confirmados, pero obviamente es muy emocionante pensar que la gente puede potencialmente evitar que su cerebro se encoja y mantener una buena capacidad mental si ajusta su dieta. Si la gente siguiera siete factores de estilo de vida se podrían evitar tres millones de casos de Alzheimer en el mundo. Estos factores son: más actividad física, no fumar, consumir una dieta sana, controlar la presión arterial, prevenir la diabetes, combatir la depresión y mejorar la educación.Tal como señalan los investigadores de la Universidad de California, en San Francisco, Estados Unidos, la mitad de los casos de enfermedad de Alzheimer en el mundo se deben a estos factores.

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La gente con niveles más altos de ácidos grasos omega 3 -los que se encuentran principalmente en el pescado- también mostraron resultados altos.

Consumir al menos dos porciones de pescado graso a la semana pueden reducir el riesgo de sufrir un evento cerebrovascular. Los científicos llevaron a cabo una revisión de los estudios publicados sobre el vínculo entre el consumo de pescado, una fuente rica de ácidos grasos omega 3, y el riesgo de sufrir un evento cerebrovascular. Las investigaciones pasadas ya han establecido que el consumo regular de estos alimentos está vinculado a un menor riesgo de enfermedad cardiovascular, incluida la enfermedad coronaria.

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