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Las 5 razones favoritas de los adictos para abandonar la rehabilitación

Como bien lo sabe la familia Sheen, convencer a un adicto de que se rehabilite no es una tarea fácil. No sólo porque son porfiados, abuelito style, sino también porque lo que se les pide que hagan –dejar de drogarse- es difícil.

Pero gran parte de los argumentos que dan para zafarse de los tratamientos de desintoxicación no son válidos, porque entran precisamente dentro del proceso de lo que significa rehabilitarse. Por eso, cortesía del Doctor David Sack, les presentamos los 5 argumentos más comunes de los adictos pillos o porfiados (que son casi todos):

1. “Es muy doloroso, no puedo hacerlo”

Cuando un cocainómano jala el primer polvo blanco que le pasen, aunque sea azúcar flor, no es sólo porque sienta pasión por lo dulce. Es porque a estas alturas su cuerpo le pide jalar. Y si no le cumple a su cuerpo, éste responde con dolor físico. Aquello que los adictos a la pasta base llaman “angustia” suele ser el motivo por el que la mayor parte de los adictos echan pie atrás y recaen a los pocos días de empezar su rehabilitación.

Pero el estereotipo del adicto acostado en posición fetal en una cama aislada en una pieza con pestillo que empieza a convulsionar y debe ser amarrado por cuatro enfermeras mientras grita “TRÁIGANME MI AGUJA, TRÁIGANMELA” es más una fantasía que una realidad. No es recomendable que el proceso de desintoxicación se viva en aislamiento y soledad. De hecho, tanto la medicación y las terapias alternativas (que incluyen hasta masajes y acupuntura) como la constante compañía de los seres queridos, son esenciales para ayudar a copar con el trauma de la desintoxicación. Aunque suene mamón, el cariño y la compañía pueden hacer que un proceso doloroso se vuelva lo más soportable posible (aw).

2. “No soy como ellos, no debo estar aquí”

El adicto porfiado que asiste por primera vez a una sesión de grupo ve a su lado un tipo abrazando un osito de peluche mientras se balancea en una silla, a otro incapaz de pronunciar palabra sin golpearse la cabeza a lo Rainman y a otro incapaz de controlar su esfínter cuando le hacen una pregunta. Por supuesto, lo primero que piensa es que es diferente a los esperpentos humanos que ve ahí, y que no debería estar en ese lugar.

Adicto, escucha: si te internaron en una clínica de rehabilitación es porque para tus seres queridos eres como uno de esos esperpentos. Si tienes una mejor opinión de ti mismo, hazla valer dejando de parecerte a ellos en lo que importa, que no es el nivel educacional ni la fortaleza mental ni poder ir al baño por ti mismo, sino la capacidad de vivir sin drogas.

Y para la familia, la recomendación es buscar un tipo de terapia que se adecúe a la visión que el paciente tiene de sí mismo (o sea, buscar que se atienda con gente que se le parezca) para evitar que dé este argumento. Pero lo más probable es que lo dé igual, así que la clave está en hacerle ver su proceso de negación y su porfía.

3. “No me gusta este lugar, quiero irme”

A veces los adictos van a comportarse como abuelitos recién llevados a un asilo. Y no necesariamente porque acusen a las enfermeras de robarles cosas, sino porque van a buscar toda clase de excusas para interrumpir su tratamiento en base a lo que les desagrada del lugar escogido para su rehabilitación. Que la comida tiene poca sal, que la almohada es muy dura, que el jacuzzi está a dos grados menos de lo habitual o que el Château le Blanc ’68 del almuerzo fue servido a temperatura ambiente cuando debía estar ligeramente helado (qué horror).

Pues bien, la clave aquí está en usar el criterio. A veces el adicto –tal como la abuelita que luego ve a la enfermera usando sus perlas en el asilo- puede estar en lo correcto. Tal vez no porque el lugar sea efectivamente malo, sino porque se pueden hacer acomodaciones para hacer sentir más cómodo al paciente, como cambiar de habitación, terapeuta, o incluso de centro de rehabilitación si se llega a la conclusión de que eso no está funcionando. Pero en ningún caso se debe interrumpir el tratamiento sólo porque el adicto se queja.

Si fuera por eso, uno podría dejar de ir al colegio porque no le gusta el olor del compañero de al lado. Y la deserción escolar sería tremenda.

4. “Ya sabía todo esto, no necesito estar aquí”

Cuando el adicto lleva varios días en el centro de rehabilitación, es inevitable que se dé cuenta que algunas rutinas se repiten. Más aún, puede pensar que el tratamiento es innecesariamente largo porque en realidad, como él es una persona inteligente y responsable –y especialmente confiable-, con que le digan las cosas una vez basta.

Dato para el adicto: si realmente te bastara con que te digan las cosas una sola vez, habrías dejado de inyectarte la primera vez que tuviste una sobredosis. Así que calla y aguanta, mira que esto es muy parecido a aprenderse las tablas (o a “Si se la puede, gana”, si las matemáticas no son lo tuyo): todo está en la repetición y en la constancia.

Además, aquí la clave es mostrarle al adicto que, a diferencia de las tablas, por mucho que sepa, siempre se puede aprender más. Tal como en “Si se la puede, gana”, donde aunque aprendiera a hacer malabarismo con 10 platos igual podía encontrar un desafío a la hora de tener que hacerlo con 15.

5. “Puedo hacerlo solo, no necesito estar aquí”

Inevitablemente en algún punto del tratamiento el adicto va a adquirir autoconfianza. El problema es que ésta es al mismo tiempo buena (indica que se está sanando) y mala (hace que se crea el cuento de que ya está sano), y puede hacerlo volver a su casa, creyéndose curado, para sólo volver a la clínica el fin de semana siguiente tras ser arrestado por manejar contra el tránsito en la autopista central en un cadillac rosado repleto de agujas usadas, en compañía de un ex doctor de camisa floreada que le da recetas falsas, y cargando una prostituta ebria en el portamaletas junto a un gran cargamento de cocaína, pasta base, sangre de tigre y yumbina.

Atención, familiares: los tratamientos más efectivos son los más largos. Por muy convincente o recuperado que se escuche, no hagan caso a los alegatos del adicto, porque recaer es tanto o más fácil después de un tratamiento de lo que es durante el mismo. O sino pregúntenle a Lindsay Lohan.

 

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