Por si no lo saben los psiquiatras del mundo utilizan un librito para diagnosticar a los locos. Bueno, ocupan muchas cosas, libros, tests, iluminaciones divinas… pero este libro en particular, es famoso. Se llama Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM), que en español sería como “Manual de diagnósticos y estadísticas de desórdenes mentales”.

Este es un libro muy prestigioso, muy respetado. Pero el psicólogo David Elkins, profesor emérito de la Universidad de Malibú, California, junto con algunos colegas, decidieron proponer algunos cambios en el sacrosanto libro. Les preocupaba que se estuvieran clasificando como condiciones psicológicas comportamientos normales, lo cual potencialmente podría llevar a tratamientos erróneos.

Así que decidieron manifestar sus aprensiones en una carta abierta, con el apoyo de la Asociación Americana de Psicología en Washington. Elkins pensó que tal vez algunos apoyarían su petición, “unas treinta firmas, quizás”, pero nunca se imaginó que la carta publicada el 22 de octubre tendría tal llegada. En el lapsus de diez días al menos 2.800 personas firmaron su apoyo, la mayoría identificándose como profesionales de la salud mental.

La petición apunta a hacer una revisión al manual, que es utilizado en todo el mundo para diagnosticar trastornos mentales. La Asociación Americana de Psiquiatría, que planea publicar una nueva edición del libro, el DSM-5, en 2013, no ha querido comentar la petición de Elkins.

Allen Frances, profesor emérito de la Universidad de Duke y el psiquiatra a cargo de la edición del DSM-IV, ha sido muy crítico con su sucesor en el trabajo del manual, pero le ha bajado el perfil a la petición de Elkins como un intento más por influenciar el DSM-5 desde afuera (entiéndase, de la Asociación Americana de Psiquiatría)

Uno podría pensar que esta es una pugna más entre médicos, académicos y psicólogos, pero la petición de Elkins no en la primera en explicitar sus aprensiones con las propuestas del DSM-5, que al parecer estarían sobrepasando ciertos parámetros. Por el ejemplo la Sociedad Británica de Psicología criticó la inclusión de un “síndrome psicótico atenuado”, que fácilmente se podría ocupar para estigmatizar a las personas excéntricas.

Otro ejemplo es el caso de los pacientes que están sufriendo la muerte de un ser querido. En la actualidad se debe ocupar lo de que llama un “duelo de exclusión”, para no diagnosticar con depresión severa a personas que estén en esa condición, en un lapsus de dos meses. La revisión actual acortaría ese tiempo a dos semanas, lo que complica a varios psiquiatras, como a Ramin Mojtabai de la Escuela de Salud Pública del Johns Hopkins Bloomberg, en Baltimore, Maryland, quién cree que probablemente en esos pacientes sea mejor un enfoque psicoterapéutico antes que farmacológico.

Los esfuerzos por acotar las definiciones del déficit atencional con hiperactividad y la bipolaridad en niños también han tenido controversias. En respuesta a las preocupaciones de que un criterio inexacto podría haber contribuido a un sobrediagnóstico de estas enfermedades desde 1990, el DSM-5 ha propuesto un síndrome llamado “desorden de desregulación de ánimo disruptivo” (sí, así de raro suena), que proveería una alternativa para no etiquetar a un niño como bipolar o con déficit atencional. Frances, que continúa la crítica a su sucesor, dice que esto no es suficiente: “debería haber una ‘caja negra’ que advierta de cómo se los niños son sobrediagnosticados con trastorno bipolar. En cambio, ellos crean un nuevo desorden”, concluye.

Los estudios de campo realizados para el DMS-5, según la profesora de la Escuela de Medicina de Harvard, Helena Kraemer y miembro del comité del DSM-5, indicarán si se generan más diagnósticos con el nuevo manual, pero Mojtabi advierte que esos ensayos son artificiales, con médicos especialmente entrenados, no como los que día a día usarán el manual en sus consultas para hacer diagnósticos.

Lo preocupante es que los efectos de esta pugna científica – académica terminarán siempre afectando a los pacientes, que confían en el criterio de sus médicos para establecer diagnósticos. Y el sentido común, ¿dónde está?, nos preguntamos en el sicoblog.

(El reportaje original de esta noticia es de Heidi Ledford y fue publicado en la Revista Nature el 2 de noviembre de 2011. Pueden leer el artículo en inglés aquí.)

Por Clínico.cl

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